

Para la recepción propusimos dos piezas que dialogan entre sí: un mostrador en L con frente ondulado y un estante de pared con el mismo lenguaje de costillas.
La idea era que el mueble funcionara también como pieza de exhibición: quien entra ve de inmediato lo que la máquina puede hacer.
El frente se modela como una superficie continua y después se secciona a intervalos regulares. Cada sección es una costilla distinta.
El espesor de la placa y la separación entre costillas definen cuán suave se ve la onda: más juntas, más lisa; más separadas, más gráfica.
Todas las costillas se anidan y se cortan en la CNC, numeradas en orden. Cada una lleva además los alojamientos de los travesaños que las mantienen a distancia.
El orden es crítico: una costilla fuera de secuencia rompe la continuidad de la curva.
El armado es como enhebrar: las costillas entran una a una sobre los ejes internos, separadas por distanciadores, hasta cerrar el desarrollo completo.
Después va la terminación: sellado, teñido en tono nogal y una tapa superior maciza en negro que remata el mostrador y da superficie de trabajo.
El mostrador quedó como una superficie que cambia según desde dónde se lo mire, y el estante de pared repite el gesto en menor escala, con espacio para macetas.
Todo el conjunto salió de placas planas y de un archivo: sin moldes, sin curvado y sin piezas repetidas.



